El escándalo que estremece a la Corona: el príncipe Andrés, detenido por filtrar secretos de Estado a Jeffrey Epstein
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La policía británica arrestó al hermano del rey Carlos III por presunta malversación en cargo público. Compartió informes confidenciales de sus viajes como enviado comercial con el fallecido magnate pederasta.

La imagen del príncipe Andrés esposado y subiendo a un vehículo policial frente a la residencia de Sandringham dio la vuelta al mundo. A primera hora de este jueves, agentes de la Policía del Valle del Támesis irrumpieron en Wood Farm, la vivienda que ocupaba el hermano del rey Carlos III dentro de la finca real de Norfolk, y lo detuvieron bajo sospecha de "mala conducta en un cargo público". Con 66 años recién cumplidos, el que fuera hijo predilecto de Isabel II se convirtió en el primer miembro de la familia real británica en ser arrestado en la historia moderna.
El operativo, que incluyó registros simultáneos en propiedades de Berkshire y Norfolk, fue confirmado por el subjefe de policía Oliver Wright: "Tras una evaluación exhaustiva, hemos abierto una investigación sobre esta denuncia de mala conducta en un cargo público". Las fuerzas de seguridad no identificaron oficialmente al detenido —siguiendo las directrices nacionales—, pero múltiples fuentes confirmaron que se trata de Andrés Mountbatten-Windsor, quien permanece en una comisaría a la espera de ser interrogado.
El contenido de los correos que incriminan al exroyal
El arresto no surgió de la nada. A principios de febrero, el Departamento de Justicia de Estados Unidos liberó más de tres millones de páginas de documentos relacionados con la investigación sobre Jeffrey Epstein, el financiero que se suicidó en 2019 mientras esperaba juicio por tráfico sexual de menores . Entre esos papeles aparecieron intercambios de correos electrónicos que vinculaban directamente a Andrés con el pederasta mucho después de que este hubiera sido condenado.
Según la documentación, el 7 de octubre de 2010, Andrés envió a Epstein detalles de sus próximos viajes oficiales como enviado especial para el comercio del gobierno británico a Singapur, Vietnam, Shenzhen y Hong Kong. Apenas unas semanas después, el 30 de noviembre, reenvió los informes completos de esas visitas —que acababa de recibir de su asistente personal— al magnate estadounidense. En otro de los mensajes, el entonces príncipe solicitaba la opinión de Epstein sobre oportunidades de inversión en la provincia afgana de Helmand, una de las zonas más conflictivas del país en aquel momento.
La revelación encendió todas las alarmas. El grupo antimonarquía Republic presentó una denuncia formal ante Scotland Yard, y la policía comenzó a evaluar si Andrés había vulnerado la ley al compartir información sensible con un particular sin autorización. El delito de "malversación en cargo público" es una figura compleja del derecho común británico, establecida por precedentes y costumbres más que por una ley escrita, lo que añade dificultad a la investigación.
Un historial de vínculos oscuros
La relación entre Andrés y Epstein no era ningún secreto, pero siempre se mantuvo en los márgenes de lo privado. El príncipe conoció al financiero a través de su entonces esposa, Sarah Ferguson, en la década de 1990, y durante años frecuentó sus mansiones de Manhattan, Palm Beach y la isla privada de las Islas Vírgenes. Las acusaciones más graves, sin embargo, llegaron de la mano de Virginia Giuffre, quien aseguró que Epstein la había traficado para mantener relaciones sexuales con Andrés cuando ella tenía 17 años. El exroyal siempre negó las imputaciones, pero en 2022 alcanzó un acuerdo extrajudicial millonario con Giuffre para evitar el juicio civil en Estados Unidos.
La entrevista que Andrés concedió a la BBC en 2019 para intentar limpiar su imagen resultó catastrófica. Con sudor en el rostro y respuestas evasivas, aseguró que no podía haber mantenido relaciones con Giuffre porque ese día estaba en un restaurante de comida rápida con su hija. El fiasco aceleró su retirada de la vida pública y el despojo de sus patronazgos militares y reales.
El nuevo rey, Carlos III, había tratado de mantener un perfil bajo respecto a su hermano, pero la publicación de los documentos lo obligó a actuar. En octubre de 2025 le retiró el título de príncipe y el ducado de York, y le ordenó abandonar el palacio de Windsor para trasladarse a la modesta Wood Farm, una casa de invitados en la finca de Sandringham. Hasta allí llegaron los agentes este jueves para ejecutar la orden de arresto.
El terremoto político y la respuesta de la Corona
La detención de Andrés sacude los cimientos de una monarquía que intenta proyectar estabilidad tras la muerte de Isabel II y la coronación de Carlos. El primer ministro laborista, Keir Starmer, se apresuró a declarar que "nadie está por encima de la ley", en un intento de marcar distancias con la institución. Desde Buckingham Palace, una breve declaración firmada por el rey afirmaba que "la ley debe seguir su curso" y que la familia real continuaría con sus obligaciones, en un intento de contener los daños.
El caso añade presión sobre una institución que ya venía siendo cuestionada por sectores republicanos. Andrés, que cumple años este mismo jueves, sigue siendo técnicamente el octavo en la línea de sucesión al trono, por detrás de los hijos de Carlos y los del príncipe Harry. Pero su carrera pública está definitivamente liquidada y su futuro judicial se presenta incierto.
Los investigadores analizan ahora si la filtración de documentos fue un hecho aislado o formaba parte de un intercambio más amplio. Epstein mantuvo contactos con numerosas personalidades internacionales —desde políticos hasta científicos y miembros de casas reales— y se sospecha que acumulaba información comprometedora como moneda de cambio. La pregunta que flota en el aire es si Andrés utilizó secretos de Estado para mantener su lugar en el círculo del magnate. La respuesta podría determinar no solo su condena penal, sino el lugar que ocupará en los libros de historia.









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