Coronavirus en Francia: quejas de quienes se encargan del control

Afirman que la supervisión del pase pone a mozos y porteros en tareas casi policiales.


El sábado, en la ciudad norteña de Cambray, los restaurantes y cafés cerraron para protestar contra la exigencia del pase sanitario.


“No estamos en contra de la vacuna. Estamos en contra de tener que hacer controles a nuestros clientes”, dijo el gerente de un bar, Laurent Zannier.


Ese parece ser uno de los puntos clave de la cuestión.


El movimiento anti vacunas no está articulado y es, al decir del periodista Eduardo Febbro, “un mejunje raro y por momentos grosero”, capaz de comparar la necesidad de vacunarse con una dictadura o de marchar con estrellas amarillas, como las que los nazis obligaban a usar a los judíos durante la ocupación en Francia, durante la Segunda Guerra Mundial.


Hay otra vertiente de la oposición que señala que el pase sanitario transforma el espacio público en un lugar de burbujas aisladas de “vacunados” y “gente peligrosa”, y que coloca en un lugar casi policial a mozos, encargados de bares, personal de seguridad de centros comerciales y supermercados, empleados de museos, cines y teatros en el lugar de supervisores de salud.


Lo que tiene aún que resolver el Ejecutivo francés, al menos de cara a sus ciudadanos, es cómo responder a estos cuestionamientos que ponen en tensión a las libertades individuales, el bien común y el control sobre los cuerpos.


Las protestas de ayer lograron que el gobierno francés relajara algunas condiciones del pasaporte sanitario.


Entre las modificaciones anunciadas por el ministro de Sanidad francés, Olivier Véran, está que la validez de las pruebas negativas para los no vacunados será de 72 horas y no de 48, y será posible realizar “autopruebas supervisadas por un profesional de la salud”. El funcionario dijo que este cambio permitirá agilizar los tiempos de las pruebas.

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