top of page

Milei inauguró el año legislativo con ataques a la oposición y el anuncio de 90 proyectos

  • hace 3 días
  • 4 Min. de lectura

Envalentonado por los triunfos legislativos de febrero, el Presidente dedicó casi dos horas a confrontar con el peronismo. Tildó a los legisladores de "delincuentes" e "ignorantes", dijo que le encanta "domarlos" y volvió a exponer la interna con Villarruel.

Milei inauguró el año legislativo con ataques a la oposición y el anuncio de 90 proyectos

El tercer discurso de Javier Milei en la apertura de sesiones ordinarias no se pareció a los anteriores. No hubo concesiones, ni llamados al diálogo, ni siquiera el simulacro de institucionalidad que suele rodear a estos actos. Lo que se vio este domingo en el Congreso fue a un presidente envalentonado, eufórico por los triunfos legislativos de la semana –el acuerdo UE-Mercosur, la reforma de Glaciares, la reforma laboral y el régimen penal juvenil– y decidido a capitalizarlos con un mensaje de confrontación directa contra la oposición.

Desde los palcos, repletos de militancia libertaria que coreaba "Presidente, presidente" cada vez que Milei arremetía contra el peronismo, la jornada tuvo más de clima de estadio que de sesión parlamentaria. Los cánticos de "tobillera, tobillera" dedicados a Cristina Kirchner y los aplausos ensordecedores cada vez que el mandatario insultaba a la oposición marcaron el pulso de un acto que duró casi dos horas y que dejó en segundo plano los anuncios concretos de gestión.

"Me encanta domarlos": el menú de agravios

El presidente no ahorró epítetos. "Manga de delincuentes", "kukas", "ignorantes" fueron algunos de los calificativos que Milei dedicó a los legisladores del peronismo sentados a pocos metros. "¿Qué te pasa, Chilindrina trotska?", le preguntó a la diputada Myriam Bregman, en uno de los momentos más álgidos. Y cuando desde la bancada de Unión por la Patria le gritaron "fascista", respondió con ironía: "Por lo menos sé menos bruto y andá a estudiar".

Juan Grabois, uno de los pocos que respondió a los insultos, improvisó carteles que decían "S líbranos del mal" –en alusión al caso $LIBRA– y "Cumplí con la ley de Universidades", mientras Milei lo acusaba de ser "un oligarca que se disfraza de pordiosero" . El diputado del FIT, Nicolás del Caño, intentó gritar "¿dónde está tu amigo Espert?", pero fue tapado por la militancia .

La frase más repetida del discurso, sin embargo, fue otra: "Me encanta domarlos, me encanta hacerlos llorar". Milei la soltó en un momento de especial tensión con la bancada peronista, desatando una ovación de sus seguidores en los palcos y las sonrisas cómplices de sus ministros.

Los anuncios: 90 proyectos, reformas y el silencio sobre los detalles

En medio del vendaval verbal, el presidente dedicó apenas un tramo de su discurso a enumerar los proyectos que enviará al Congreso durante 2026. Serán 90, diez por cada ministerio, aunque los detalles brillaron por su ausencia. Milei mencionó una reforma del Código Civil y Comercial y del Código Penal, más proyectos de desregulación, una reforma impositiva, la apertura económica y nuevos acuerdos comerciales –incluyendo la ratificación del tratado con Estados Unidos–, reformas en el Código Aduanero, marcos regulatorios para productos primarios y una reforma electoral y de partidos políticos, con especial énfasis en el financiamiento.

Lo que no hubo fue precisiones. El presidente prefirió las definiciones gruesas a los detalles técnicos, en un mensaje claramente orientado a alimentar el relato de que la Argentina atraviesa "el Congreso más reformista de la historia".

El elogio a los propios y la interna expuesta

Como es habitual, Milei repartió elogios a su gabinete. Luis Caputo fue "el mejor ministro de economía del mundo, dos veces seguidas". Patricia Bullrich recibió un reconocimiento especial por su gestión al frente de la negociación de las leyes en el Senado, y el presidente se fundió en un abrazo con ella, en un gesto que no pasó desapercibido.

Lo que también quedó expuesto fue la interna con la vicepresidenta Victoria Villarruel. Desde el momento en que ingresó al recinto, vestida de negro, el silencio fue absoluto. Nadie la ovacionó. Cuando llegó Milei, ni siquiera la saludó, y ella se lo cobró con un empujón a Karina Milei, la hermana del presidente y secretaria general de la Presidencia. El acting fue evidente: a Martín Menem, en cambio, lo recibieron con gritos y aplausos.

Una oposición que optó por el silencio (casi)

A diferencia del año pasado, los diputados y senadores del peronismo no pegaron el faltazo, pero tampoco confrontaron. Salvo las excepciones de Grabois, Del Caño y Bregman, la mayoría optó por soportar los insultos en silencio. Germán Martínez, jefe de la bancada de UP en Diputados, se paró en un momento y le recriminó a Martín Menem el nivel de violencia del discurso, recordándole que el riojano había prometido "un presidente enfocado, confrontando gestión con gestión, sin insultos ni golpes bajos". La promesa duró menos que un suspiro.

Ninguno de los 10 gobernadores presentes –todos aliados, ninguno peronista– se animó a aplaudir. Miraron en silencio, ajenos a la euforia libertaria.

La tercera apertura de sesiones de Javier Milei confirmó lo que muchos sospechaban: el Presidente que en agosto había prometido bajar el tono y cuidar las formas es apenas un recuerdo. Envalentonado por los triunfos legislativos, con la militancia en los palcos y la oposición acorralada, Milei eligió el camino de la confrontación total. Los 90 proyectos que prometió quedarán para otro capítulo. Por ahora, lo que importa es el mensaje: domar, hacer llorar, seguir alimentando la épica. El Congreso, por estas horas, es territorio liberado.

Comentarios


GIF_planta.gif
bottom of page