Fiesta en la Bombonera: Boca ganó y terminó primero en su grupo

Con gol de Varela, logró el objetivo de entrar en los octavos de la Libertadores.

Tenía que ser así, a lo Boca, con un gol del cinco de Boca, con un gol nacido de la emoción, del sacrificio, de la lucha, de la angustia, de la batalla ganada en ese lugar de la cancha por el propio Battaglia.


La clasificación, la semana inolvidable, la estrella 72, el sueño copero, de repente, se unen en un puño apretado, en un mismo grito, en una misma Bombonera que estalla, que se desahoga, que se estremece, que late. Boca, el campeón, está en octavos. Boca, el campeón, sigue siendo candidato. Boca, el campeón, le ganó 1-0 a Deportivo Cali y sigue su sueño en busca de la Séptima. Nunca, pero nunca, hay que darlo por muerto.



El equipo de Battaglia lo mereció desde el comienzo. Futbolísticamente, lo pasó por arriba al Cali. Con una primera línea de presión acompañada por sus defensores, con volantes dinámicos, con un Zeballos picante y un Benedetto amenazante. Si no lo ganó antes, si el gol de la clasificación se hizo desear, fue porque justamente el equipo hizo el bordado grueso, pero falló en el fino, en esa última puntada.


En todo momento avisó que estaba bien, que estaba entero, que no había de qué alarmarse, que merecía la clasificación, que por peso específico, ese gol iba a llegar. Y en esa advertencia, siempre estuvo involucrado Varela. No fue casual. Probablemente, nunca en su carrera le haya pegado tantas veces al arco. Pero tan replegado estaba el conjunto colombiano y tan adelantado Boca, que Alan quedó siempre en posición de ataque, flotando en la puerta del área. Y desde ahí, sacudió una vez y dio en el palo. Sacudió otra y se fue apenas afuera. Sacudió de nuevo y se le fue alto, la cuarta, recién la cuarta, fue la vencida. Fue a los 8 minutos del segundo tiempo, tras un despeje del arquero que quedó corto, o mejor dicho, que le quedó justo para su derecha. Y esta vez la pelota se le metió a De Amores porque los goles son eso: amores. Y en especial para Varela, porque fue el primero, del que no se olvidará nunca no sólo por esa razón, sino por el significado que tuvo para este Boca, para el campeón, para esa búsqueda infatigable que persigue desde el 2007. Por eso, también, sus lágrimas.


El equipo de Battaglia otra vez jugó para ganar y ganó. Otra vez tuvo un mata-mata, el octavo de este ciclo, y lo pasó. Otra vez tuvo que demostrar personalidad, coraje, autoridad y lo hizo. Esta vez, ni siquiera se le podrá cuestionar el plano futbolístico, porque dominó el juego, porque tuvo el control, porque también generó situaciones, porque defensivamente estuvo sólido en líneas generales y cuando tuvo para sufrir, apareció Rossi, con dos tapadas clave, una en cada tiempo, para sostener esa tremenda marca de un solo gol recibido en diez partidos.


Boca, el campeón, no sólo se clasificó. También, lo hizo primero (porque Corinthians empató de local con Always Ready). Y entonces, no se cruzará al menos en octavos con River. Y probablemente, hasta le toque un rival algo más accesible de lo que le hubiera tocado como segundo.


La Bombonera, su gente, sus jugadores, lo festejaron a pleno. Primero en el fútbol en el fútbol argentino. Y primero y clasificado en el grupo E de la Copa. ¿Y ahora quién lo para?

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